Se licencia a sus casi 97 años con una tesis escrita en su vieja Olivetti

Giuseppe Paternò, con su vieja Olivetti 


Giuseppe Paternò es investido doctor en Filosofía e Historia «cum laude». 

Un siciliano resulta ser el más anciano del mundo en obtener su primera licenciatura. Con 96 años y 10 meses, Giuseppe Paternò se ha licenciado en Historia y Filosofía en la Universidad de Palermo. El rector, Fabrizio Micari, lo ha investido doctor en Filosofía e Historia en el aula magna de la facultad de Letras y Filosofía, donde defendió su tesis, en presencia de sus dos hijos, Nunzio (70 años), y Marcella (68), y sus cuatro nietos. «Mi entusiasmo siempre ha sido grande –dice Paternò–; este es mi antídoto para los años que pasan. Ahora que estoy en la línea de meta, todavía miro hacia delante».

El gran mensaje de Giuseppe Paternò, dicen sus profesores, es que siempre hay tiempo para realizar los sueños. La vida de Giuseppe se ajusta perfectamente al título de un viejo programa de televisión que enseñaba a las personas mayores a leer y a escribir: «Nunca es tarde». Comenzó a trabajar cuando tenía siete años. Su padre, empleado en un bar en el centro de Palermo, lo llevaba con él para que le ayudara. Giuseppe era el mayor de siete hermanos de una familia muy pobre. Siempre tuvo que arremangarse para echar una mano en casa. A los catorce años trabajaba como botones, luego en los Ferrocarriles como telégrafo y jefe de estación; para conseguir una promoción, a los 31 obtuvo el diploma de topógrafo en la escuela nocturna. Permaneció 42 años en los Ferrocarriles del Estado hasta su jubilación. Después no quiso aburrirse: «Lo importante era aprender, estudiar, razonar. Comenzé con dos cursos de teología», recuerda hoy Giuseppe.



La felicidad de Giuseppe tras ser investido doctor en Filosofía e Historia «cum laude»

En su vida, llena de sacrificios, nunca le regalaron nada. Tampoco en la universidad, donde ha superado todas las materias de forma brillante, obteniendo una media de 29.80 (30 es el máximo). Un fenómeno, según reconoce el rector de la Universidad de Palermo, Fabrizio Micari: «La suya es una carrera increíble, salpicada de 30 y 30 cum laude, uno de esos casos que te dan una inmensa alegría. También es un maravilloso ejemplo para todos. Para nuestra universidad, un verdadero honor tenerlo entre los estudiantes». En la universidad italiana, los estudiantes se gradúan de acuerdo con una escala que va de 0 a 30, siendo el mínimo para aprobar el 18. Giuseppe Paternò ha sido distinguido al final con la calificación más alta: El máximo es 110/110, y en caso de estudiantes sobresalientes se les puede premiar, como a Giuseppe, con la distinción «cum laude». El rector habla con entusiasmo del estudiante más anciano de las universidades italianas: «Es una locura la media que ha obtenido en las calificaciones, merece el máximo. Una frescura mental y una lucidez de las que deben tomar nota los jóvenes. Es un ejemplo a los jóvenes. Demuestra que estudiar es bueno».

Se deshace también en elogios hacia Giuseppe la profesora de Historia Moderna Rossella Cancila, que le siguió hasta su graduación: «Es una persona excepcional, los estudiantes le recibieron muy bien. Para ellos, graduarse ha sido el comienzo de un camino; para Giuseppe, el broche a toda una vida. Pero su gran mensaje es que siempre hay tiempo para hacer realidad los sueños».

El rector con el recién licenciado

Es un apasionado de la Historia, aunque la Filosofía es su materia preferida. «La Historia que estudio es también la mía: la guerra, los bombardeos, el servicio militar», recuerda Giuseppe. «Su vida es una página de Historia, fue suficiente que partiera de su biografía para realizar la tesis», dice su profesor de Historia Moderna, Cancila. En efecto, Giuseppe Paternò, que ya había escrito un libro con su historia de joven en su barrio de Palermo y la descripción de los personajes históricos de la ciudad, ha profundizado en su tesis en sus orígenes. Ha elaborado así una especie de memorias, mezclando sus lugares del corazón con la mirada puesta en acontecimientos históricos que vivió en sitios arquitectónicos simbólicos de Palermo. Por ejemplo, la plaza de los Aragoneses, donde celebró el final de la guerra llegando con su familia desde Trapani, recorriendo a pie unos 100 kilómetros.

La tesis la ha escrito en su máquina Lettera 22, su vieja Olivetti, que se convirtió en «compañera» de vida: «Especialmente, porque mi esposa me dejó en 2006, hace ya 14 años. Me he graduado en el mismo día. Una coincidencia que me hace pensar...», afirma Giuseppe. Sus sueños no se han acabado. Seguirá escribiendo en su Lettera 22 y estudiando nuevas materias. «Siempre miro hacia delante, nunca me canso, y a los jóvenes les digo que hagan lo mismo. Que sigan estudiando siempre, porque lo único que lamento es no haberlo hecho cuando era joven, como me hubiera gustado». Inevitable que los estudiantes le pidieran consejo en la Universidad, dado que le consideraban un anciano venerable. Giuseppe siempre tuvo claro el consejo para los jóvenes: «Estudiar, estudiar, estudiar».

Comentarios

Entradas populares