Estas prácticas en el Lejano Oeste muestran cuán salvajes eran realmente los tiempos


¿Alguna vez te has preguntado cómo fue en verdad la vida en el Viejo Oeste? Tal vez beber agua y bañarte con jabón era un verdadero lujo, además que la atención médica era casi inexistente.



Y si la idea de un cepillo de dientes compartido te parece rara, prepárate para leer sobre cosas insólitas de ese tiempo de la historia. Y si crees que saber cuán pésimas eran las condiciones de vida durante los días del Viejo Oeste, todavía está lejos de serlo.

Baños terroríficos

La plomería interior es un lujo relativamente moderno en la sociedad actual. Para quienes vivían en el Viejo Oeste, las instalaciones eran, en el mejor de los casos, básicas y, por lo general, estaban al aire libre.



La mayoría de los habitantes tuvo que contentarse con pequeñas construcciones, pequeños baños, que eran poco más que chozas levantadas sobre fosas excavadas en el suelo, pozos sépticos. Por conveniencia, no estaban muy lejos de las casas. Y aunque había formas de tratar de ocultar el mal olor, las hordas de moscas zumbaban alrededor de estos sitios. Las viudas negras, las arañas también merodeaban, dispuestas a morder.

Compartiendo la comida

La higiene en la mesa era prácticamente inexistente en la época del Viejo Oeste. Todos los que se sentaban juntos a comer, compartían todo y cuando decimos todo, ¡es realmente todo!



De hecho, durante las comidas, la gente compartía las mismas tazas, los mismos platos y hasta los mismos cubiertos. Pero eso no es todo. También parece que tampoco se molestaron en lavar los utensilios de cocina entre comidas. Este hábito probablemente contribuyo mucho a la propagación de enfermedades de todo tipo. ¡Solo pensar en eso nos da asco!

¿Alguien quiere cepillarse los dientes?

Como habrás adivinado, la higiene dental no era una prioridad ni para los pioneros ni para los vaqueros del Salvaje Oeste. Pero, a pesar de todo, para aquellos que querían tener algo parecido a la higiene bucal, aparentemente había algunos medios disponibles.



Estas preparado para hacer una mueca de disgusto después de escuchar lo siguiente; pues si, habían algunos espacios públicos dónde podías tener a mano un cepillo de dientes. El único problema es que estos cepillos de dientes eran reusables. No es necesario insistir en el tema, creo que a todos nos dio grima.

De la cerveza a los gérmenes

La gente del oeste americano disfrutó mucho bebiendo una buena cerveza espumosa en el bar de la esquina. Pero, ¿Qué sucedía después de tomar el primer sorbo de este refrescante bebida? Bueno, se obtenía un bonito bigote lleno de espuma, por supuesto.



Pero, en el Lejano Oeste, ¡pensaron en todo! Entonces tuvieron una idea brillante, finalmente una solución práctica para remediar este problema de tener el bigote sucio de cerveza. En realidad, es repugnante cuando lo piensas hoy porque en el mostrador del salón había una toalla con la que todos podían limpiarse la boca… Una vez más, entendemos por qué las enfermedades se propagaban tan fácilmente.

¿Peluquero, herrero o dentista?

En el 2017, la revista estadounidense True West citó a la profesora Joanna Bourke, una historiadora británica interesada en la historia de la odontología. Ella dice: “Los insoportables dolores de muelas, las horribles extracciones y las herramientas bárbaras han arrojado una gran sombra sobre nuestro pasado dental».



Los métodos que se utilizaron en el Viejo Oeste ciertamente no ayudaron a restaurar esta mala reputación. De hecho, si necesitabas tratamiento dental para esa época, tenías que ir al peluquero o al herrero. De hecho, no había dentistas por lo que lo intervenían a los pacientes con los medios que tenían a mano. Desafortunadamente, algunos de estos hombres eran tan torpes que podrías terminar con la mandíbula dislocada o incluso una fractura.

Piojos en las camas

No todas las camas en el oeste de Estados Unidos estaban hechas de paja y heno, pero la mayoría de los colchones sí. Bueno básicamente estos sitios eran atractivos para todo tipo de bicho e insecto.



Esta ropa de cama no se cambiaba con frecuencia y la paja y el heno atraían insectos, lo que resultaba en infestaciones de piojos y otras plagas que, por supuesto, se encontraban en las personas que dormían allí en ese momento. Los piojos y otras plagas, especialmente las pulgas, eran solo uno de los inquietantes grupos de insectos que podían hacer que la vida en el Viejo Oeste fuera aún menos agradable e higiénica de lo que ya era.

Insectos más que molestos

Los insectos eran un problema perenne para los hombres y mujeres del Salvaje Oeste. Las moscas zumbaban alrededor de cualquier cosa comestible, especialmente se podían encontrar nidos de moscas en los baños a cielo abierto.



Por lo tanto, estos insectos voladores transportaban desechos o heces que luego eran depositados en los alimentos. Esto significa que el riesgo de enfermedad mortal era, muy alto. Los mosquitos también eran extremadamente molestos, y la ausencia de mosquiteros en puertas y ventanas les dio a estas plagas todas las posibilidades de invadir los hogares.

Una droga peligrosa

Los médicos del Salvaje Oeste parecían tener la costumbre de recetar brebajes letales a sus pacientes. Uno de estos medicamentos se llamó calomelanos. El problema era que contenía altas concentraciones de mercurio, por lo que era muy peligroso.



Como causaba una secreción excesiva de saliva, este llamado «medicamento» se utilizó como purgante y antiséptico intestinal. Adicionalmente, este cloruro de mercurio también fue empleado antiguamente en el tratamiento contra las lombrices intestinales y la sífilis. Desafortunadamente, también tendía a romperle los dientes a las personas. ¡Un pequeño efecto secundario nada atractivo, se podría decir!

Cuidado con el agua

El agua limpia es fundamental para la supervivencia de cualquier ser humano. Pero en las regiones pioneras del Viejo Oeste, esta necesidad básica no siempre fue fácil de satisfacer. La mayor parte del agua provenía de ríos o arroyos abiertos, con pozos donde el asentamiento era más permanente y los retretes eran la norma para las necesidades sanitarias.



De hecho, el agua que se podía encontrar a menudo estaba contaminada por agua estancada que atraía moscas y otros insectos que depositaban desechos y excrementos allí. Incluso el agua de lluvia recogida en barriles era vulnerable a la contaminación.

Agua preciosa

Para muchos en el Lejano Oeste, desperdiciar agua en la ropa o los platos simplemente no era una opción. El agua era vital para la supervivencia, así que cada gota era utilizada con mucha precaución y con un alto sentido del ahorro de la misma.



Por supuesto, no limpiar la ropa con la suficiente regularidad puede provocar problemas de salud como irritación de la piel, sin mencionar las infestaciones de piojos y pulgas de las que hablamos anteriormente. No enjuagar los platos entre usos también puede provocar problemas estomacales. Para conservar el agua, no se lavaban mucho, muchas veces familias enteras usaban la misma palangana de agua que les duraba una semana, o más.

Los baños eran escasos

Darte un baño o una buena ducha es un hábito diario y algo que la mayoría de la gente en la actualidad da por sentado, pero para la gente del Lejano Oeste esta alternativa era un lujo poco común, algo que no se podía disfrutar todos los días.



Como el agua a menudo escaseaba y, por lo tanto, era preciosa y se requería fuego y mucho esfuerzo y paciencia para calentarla, no era raro pasar semanas sin bañarse en las regiones en desarrollo en el oeste. Así que la próxima vez que te duches o te bañes y lo veas como una tarea, recuerda que es una gran oportunidad y un lujo tener acceso a este sistema en la actualidad.

Jabón, un producto de lujo

Cuando los habitantes del Lejano Oeste tuvieron la oportunidad de bañarse, no tenían gel de ducha ni baño de burbujas para ayudarlos a lavarse y oler bien. Básicamente el baño era de solo agua.



En el mejor de los casos, el jabón en el Viejo Oeste era una tosca losa hecha principalmente de grasa animal o vegetal. Era tan poco refinado y tan corrosivo, de hecho, que incluso podía causar irritaciones en la piel que a menudo eran muy dolorosas. Era el prec

Una creencia asombrosa

Curiosamente, las personas que vivían en el Viejo Oeste pensaban que bañarse en realidad podía ser malo para la salud. Esta creencia se esparció por todo el Viejo Oeste, todas las personas creían que bañarse no era bueno para la salud.



Creían que lavarse con demasiada frecuencia podría hacer que los poros se dilataran, lo que permitiría que los gérmenes y las enfermedades ingresaran al cuerpo más fácilmente. Era una absoluta tontería, por supuesto. Finalmente, no poder lavarse todos los días realmente no les molestaba ya que pensaban que no era bueno para ellos. Como resultado, todos eran sorprendentemente tolerantes con el olor corporal que consideraban natural.

Escupideras en los salones y bares

En el Viejo Oeste, era bastante normal escupir constantemente. Esta es la razón por la que las escupideras eran comunes en la región para ese momento. A finales del siglo XIX, las escupideras se convirtieron en una característica común de los pubs, burdeles, tabernas, hoteles, tiendas, bancos, vagones de tren y otros lugares donde se reunían las personas (especialmente los hombres adultos), sobre todo en los Estados Unidos.



Muchos vaqueros masticaban tabaco y luego tosían manojos de moco marrón en la escupidera. Este esputo habitual era un vector ideal para la propagación de enfermedades no simpáticas como la tuberculosis y la neumonía. Las escupideras se colocaron en los salones en el piso a lo largo del mostrador al nivel de la famosa barandilla de cobre que, por lo tanto, siempre estaba goteando saliva.

Dormir en aserrín

Quizás en parte porque tanta gente masticaba y escupía tabaco, los pisos de los salones estaban cubiertos con una gran capa de aserrín. Como acabamos de ver, se instalaron escupideras en el suelo.



Como puedes imaginar, a los vaqueros no les molestaban los detalles, realmente no tenían que preocuparse por escupir en el costado. Por eso el aserrín cubría el suelo de los salones. Y como si no fuera lo suficientemente repugnante caminar sobre estas cosas, los viajeros que se alojaban en estas tabernas también tenían que tumbarse sobre esta suciedad.

Champú whisky

El whisky era la bebida favorita de muchos hombres en el Viejo Oeste, ciertamente porque la cerveza no contenía suficiente alcohol. Pero lo cierto, es que el whisky no solo se utilizó como una bebida alcohólica, él mismo tuvo otro uso muy particular y llamativo.



Pero el famoso agua ardiente, que llevaba nombres tan coloridos como «jugo de tarántula» y «barniz de ataúd», era más que un simple alcohol que uno bebe con los amigos durante un aperitivo. Asociado con lavanda y aceite de ricino, el whisky también se usaba como champú. Quizás te preguntes como quedarías después de este lavado de cabello. En cualquier caso, los piojos deben haber recibido un golpe fulminante después de este baño con whisky.

Demasiado frío para bañarse

Lo que podríamos reconocer como un baño moderno era más que raro, casi inexistente en el Viejo Oeste. La falta de infraestructura que permitiera calentar el agua, hacía que tomar un baño fuese algo casi imposible de realizar.



Los luchadores, pioneros y vaqueros que vagaban por las tierras del oeste americano podían pasar semanas, incluso meses, sin darse un auténtico baño caliente. De hecho, se contentaron con bañarse en los arroyos y ríos que parecían relativamente limpios. Por lo tanto, es fácil imaginar, dada la temperatura del agua del río incluso en verano, que los baños de invierno estaban excluidos.

Olor a caballo

Cuando se te pide que pienses en un vaquero, es probable que Clint Eastwood esté galopando en tu imaginación. Sin embargo, en la vida real, probablemente sentirías la llegada de un pionero o vaquero incluso antes de verlo.



¿Te preguntas por qué? Bueno, es bastante sencillo, la mayoría de ellos pasaba tanto tiempo a caballo que era normal tener un olor constante a caballo. Y cuando sabes lo poderoso que es el olor a caballo, no puedes evitar imaginar a estos vaqueros apestosos llegando, rodeados de un enjambre de insectos atraídos por el olor. Entonces, ¿todavía piensas en Clint Eastwood ahora?

¡Cuidado con la cama!

Si estabas en la vía y necesitabas una cama para pasar la noche, probablemente terminabas en un lugar lúgubre o en un bar. No tenía nada de malo querer pasar una noche en un hotel, pero si era importante tener cuidado con la limpieza de esos sitios.



De hecho, la higiene de estos alojamientos estaba sujeta a cuestionamientos y seguramente eran muy escasos. Quizás te preguntarías quién había dormido en esa cama antes que tu y qué enfermedades serían susceptible de contraer. También cabe preguntarse por la frescura de la ropa. Como se mencionó anteriormente, los piojos y las pulgas eran muy frecuentes, eso era algo seguro.

Enfréntate a los peligros de las barbas

En los días del Lejano Oeste, muchos hombres callejeros usaban barbas bastante extravagantes. Si bien las barbas están de moda hoy en día, probablemente te estés preguntando cuál es el problema. Bueno, uno de los desafortunados efectos secundarios de una barba salvaje podría ser una degradación dramática de la higiene, especialmente si no hay muchas oportunidades para lavarse adecuadamente.



Y por supuesto que no habían muchas oportunidades de mantener tu barba limpia. Después de todo, algunas personas ahora afirman que una barba puede albergar un verdadero zoológico de bacterias, así que imagínate cuando no necesariamente se lavaban la cara todos los días, además que se secaban con las toallas en las áreas comunes del bar después de beber una buena cerveza. Nada higiénico.

Fiebre del valle

Las infecciones fúngicas desagradables eran un peligro común e incluso permanente para la gente del Viejo Oeste. Un día duro paseando por la tierra o arrastrando un carreta por la naturaleza es suficiente para hacer que cualquiera esté un poco acalorado y sudoroso.



Y este tipo de situación es precisamente el entorno perfecto para que los hongos y bacterias se desarrollen, produciendo de esta forma diversas infecciones por hongos. Uno de sus irritantes particularmente violentos fue el hongo Coccidioids, que estaba muy extendido en los territorios del oeste americano. Dio lugar a una infección desagradable conocida como coccidioidomicosis o fiebre del valle.

No bebas azufre

Muchos en el Viejo Oeste pensaron que sabían un par de cosas sobre la automedicación. En general, la gente en el oeste de Estados Unidos creía que cuanto más desagradable era el remedio, más probable era que fuera efectivo.



Si el sabor era repugnante y el olor aún peor, entonces debería ser bueno para ti, esa era la creencia generalizada con relación a este tema. Así es como algunos terminaron bebiendo azufre, con su olor horriblemente poderoso. La medicina moderna, por supuesto, no apoya esta práctica porque el azufre es potencialmente muy dañino. En estos día a quién se le ocurriría beber azufre, ¡ni loco!

¿Doctor o charlatán?

Si estuvieras enfermo en los días del Viejo Oeste, como lo haríamos hoy, irías a ver a un médico, solo que para ese entonces no era tan fácil conseguir uno con el conocimiento adecuado para abordar cualquier enfermedad o molestar.



Es posible que estuvieras viendo a alguien que se hacía pasar por médico, no había absolutamente ninguna garantía de que esa persona tuviera algún título médico. Sin embargo, había practicantes debidamente capacitados en el oeste de Estados Unidos, pero eran pocos en número. Esto significa que tenía muchas posibilidades de ser tratado por alguien que solo podría describirse como un charlatán.

Atención al medico

Si en la búsqueda de un médico finalmente tuviste la suerte de encontrarte con un médico que había recibido una verdadera formación médica en el Salvaje Oeste, es posible que este no sea el fin de tus preocupaciones. De hecho, incluso los practicantes expertos tenían ideas muy extrañas sobre lo que constituía un tratamiento apropiado.



Algunos procedimientos extraños realizados por médicos «reales» incluían sangrar, quitar trozos de carne y envolver al paciente con algodón antes de prenderle fuego. Prácticas extremas como estas serían condenadas hoy, eso es seguro. Es más en la actualidad estos médicos serían demandados antes tribunales por mala praxis.

Un poderoso purgante

Los dados y las armas no eran lo único que se cargaba en el Viejo Oeste, al igual que muchos hombres y mujeres. Uno de los tratamientos favoritos de los médicos del Viejo Oeste fue la generosa prescripción de purgantes fuertes.



Una práctica muy extendida y frecuente, de hecho, que rozaba el peligro y podía conducir a resultados desagradables que eran predecibles. Uno de estos medicamentos, el jarabe de ipecacuana, provocó vómitos profusos. Verás, la idea era purgar el cuerpo para combatir una enfermedad. Pero como puedes imaginar, los médicos modernos de la actualidad ciertamente no recomendarían hacer esto.

Fiebre de los pantanos

Las excentricidades de los médicos del Lejano Oeste, tuvieran o no formación médica, parecen no haber conocido límites. Estos médicos llegaron a prescribir cada cosa, que realmente llama la atención lo extraño de estas recetas.



Tomemos como ejemplo, uno de sus tratamientos para la malaria, que consistía en desnudar al paciente y dejarlo descubierto al aire libre para «enfriar» el cuerpo lo más posible. Este proceso, era acelerado a través de cubetas de agua fría; todo esto estaba destinado a inducir escalofríos. Y si, lamentablemente, los temblores se volvían demasiado severos, entonces, administraban opio, ¡solo eso!

Dispositivos y aparatos cuestionables

Además de tratamientos realizados por charlatanes y vagos que se hacían llamar médicos, en el viejo oeste americano, estos supuestos médicos utilizaron equipos e instrumentos de una calidad y una eficacia más que cuestionables.



Por ejemplo, usaron un dispositivo llamado pulsómetro que no era más que un recipiente de vidrio con agua coloreada y con bombillas en cada extremo. El paciente agarraba el pulsómetro para tomarle el pulso y se formaban burbujas en el líquido. Pero, ¿Qué estaba midiendo realmente este dispositivo? Bueno, hoy en día podemos decir, francamente, que no estaba midiendo absolutamente nada.

Beber para matar sanguijuelas

Caer enfermo en las tierras del Viejo Oeste Americano no era como ir a un picnic. Incluso si pudieras encontrar un médico, no había garantía de que el tratamiento fuera eficaz. Enfermar en esas tierras era un síntoma de debilidad. A menudo, el sangrado era la única solución ofrecida, a veces con la ayuda de sanguijuelas.



Y si el paciente inadvertidamente tragaba una de estas sanguijuelas, entonces el remedio era beber una copa de vino cada 15 minutos con la esperanza de que el alcohol matara a la bestia. Tal vez parezca una idea divertida tomar vino hasta más no poder, pero a la final, el paciente seguramente quedaba totalmente borracho.

Tratamiento con perro muerto

Este es uno de los tratamientos más extraños realizados en los tiempos del Viejo Oeste Americano. David Dary, autor del libro Frontier Medicine publicado en el 2008, nos cuenta qué remedio se usó para la artritis gotosa y el reumatismo en 1815.



El tratamiento consistió en sacrificar un «perro gordo joven» y luego desollarlo y destriparlo. Las vísceras se mezclaban luego con huevos de gallina, ortigas, «gusanos rojos del melocotón», trementina, azufre, tabaco, etc. Después de eso, la extraña mezcla se devolvía a las entrañas del perro muerto, y todo se asó mientras el paciente se sentaba junto al fuego. ¡Impresionante!

Chupa un limón

El escorbuto es una enfermedad más fuertemente asociada con los marineros en sus viajes largos por mar, pero la misma también se presentó entre los habitantes del Viejo Oeste. Para evitar tener esta enfermedad, lo que tienes que hacer es consumir suficiente vitamina C, de ahí el consejo de chupar un limón.



Independientemente, algunos de los que llegaron por mar a los campos de oro de California no tuvieron fuentes de vitamina C durante largos períodos de tiempo. Por lo tanto, no es de extrañar que fueran víctimas de episodios desagradables de escorbuto debilitante que dieron como resultado casos graves dónde se podía ver personas experimentando aflojamiento de los dientes, encías purulentas, hemorragias y, finalmente, la muerte.

Limpieza dolorosa

El uso de papel para la higiene se registró en China en el siglo VI D.C., y el papel higiénico fabricado específicamente se produjo en masa en el siglo XIV. El papel higiénico comercial moderno se originó en el siglo XIX, con una patente para dispensadores en rollo que se fabricó en 1883. Actualmente tenemos papel higiénico y parece que deberíamos estar agradecidos por ello.



En el Viejo Oeste, por otro lado, tal conveniencia no existía realmente. Después de una visita a la letrina en esta época, la gente recurría a cualquier cosa, desde mazorcas hasta pasto para limpiarse. Solo podemos concluir que eran de un material más sólido en ese momento (salida del triple espesor) provocando en ocasiones dolor por cortes o fuertes irritaciones en esa delicada zona del cuerpo.

Espectadores durante una operación

La cirugía en el Lejano Oeste debe haber sido lo suficientemente aterradora, incluso sin la necesidad de tener una multitud de espectadores alrededor, observando cada detalle de la operación. Pero parece que algunas personas tenían demasiada curiosidad como para quedarse cerca del sitio donde se estaba realizando la cirugia.



Uno de esos casos se describe en la revista American Heritage, cuando el Dr. Charles Gardiner tuvo que extirpar un tumor de la cabeza de una desafortunada mujer de Colorado. Para consternación del Dr. Gardiner, y sin duda de esta pobre dama, un hombre se dirigió a la sala de operaciones y desde la misma estuvo contando todos los detalles del proceso a una multitud de personas que se había reunido afuera.

Un whisky versátil

El whisky se usó originalmente como medicamento, tanto como anestésico interno como antibiótico externo. Las técnicas de destilación fueron llevadas a Irlanda y Escocia en algún momento entre 1100 y 1300 por los monjes. En el Viejo Oeste el whisky tenía una evidente utilidad recreativa, ya que se consumía en las tabernas y bares.



Pero este espíritu demostró ser increíblemente versátil. El mismo también fue utilizado como desinfectante. Exactamente, si no había nada más a mano, los cirujanos esterilizarían sus instrumentos con whisky puro. A pesar de todos los hábitos repugnantes que hemos conocido en este artículo sobre las costumbres del Viejo Oeste, parece que el Oeste estadounidense tenía su propia versión del gel hidroalcohólico.

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