EEUU, con sus ciudadanos, adelante en la guerra geopolítica de la carrera espacial contra el régimen chino


Imagen icónica de la misión Apolo 11, que llevó al hombre a la Luna, 20 de julio de 2019. (Captura de pantalla de Twitter/@latercera)


La guerra geopolítica se da en muchos frentes. Uno es la carrera del espacio, que podemos dividir en varias estrategias: la puesta en órbita de satélites, el llamado turismo espacial, los viajes y asentamientos permanentes en la Luna, y la llegada, exploración y asentamiento en Marte.

La guerra geopolítica en la carrera espacial posmoderna la va ganando Estados Unidos, dejando muy atrás a China, el otro gran competidor. Y esto se debe a diversos factores. Pero uno de los más importante es que en Estados Unidos prevalecen las libertades, los derechos humanos, la construcción del individuo y de las empresas, y por tanto, de la riqueza.

En cambio, en China no existen las libertades, hay cero derechos humanos, no hay construcción de individuos, sino que todo éxito se deberá al Partido Comunista y sus afiliados, y las empresas están dominadas por la línea que marque el gobierno.

A nivel económico y cultural, Estados Unidos ha mostrado en representación de Occidente que la economía abierta es la base para construir un Estado-Nación fuerte.

La relación establecida entre Estados Unidos y sus empresas, de mutua cooperación, ha beneficiado a ambos y por tanto a la sociedad, al conocimiento, y ha enriquecido al país, además de haberlo puesto a la delantera en todos los proyectos espaciales.

Esa ha sido la clave: el gobierno le apuesta a las empresas para el desarrollo de tecnología, y les brinda financiamientos millonarios, que generan trabajo, información, ciencia y conocimientos. Elon Musk, por ejemplo, acaba de firmar un contrato con la NASA por 2900 millones de dólares (aunque fue impugnado por Jeff Bezos, su eterno contrincante). Musk también está tras el negocio de mil millones de dólares que significa poner satélites en órbita.

Tesla cotiza en la NYSE en 643,38 unidades (Space X no está bursatilizada, aún vende sólo futuro y no genera ganancias; tampoco Blue Origin de Bezos lo está.). Virgin Galactic está en 29.58 en esa misma casa.

Y las empresas le apuestan al mercado. Es un esquema de ganar para ambas partes, gobiernos y compañías. Ahora ya se empiezan a comercializar los viajes espaciales.

El internet fue inventado en 1969 por militares norteamericanos, pero pronto este conocimiento fue compartido con el sector privado, que lo llevó a niveles mucho más desarrollados y lo socializó, beneficiando con ello a la sociedad completa, a escala internacional, con todos los beneficios que ha traído en comunicación y creación de conocimientos. La sociedad actual es impensable sin internet.

En la década de los 60 y de los 70 la NASA, en tanto agencia de gobierno, iba por delante de toda empresa privada en investigación y desarrollo aeroespacial. Hoy, en la década de 2020, las empresas privadas y sus poderosos propietarios son el rostro de la vanguardia, y ya no el gobierno.

El hecho de que la sana y muy productiva relación Estado-empresas en Estados Unidos sea fundamento del éxito económico y del desarrollo social, tiene además un notorio resultado cultural: la construcción del individuo.

En Occidente el individuo sí existe, y tiene nombre y apellido, ideas propias, proyectos, familia, empresa, y es reconocido por su sociedad. En China todo es muy diferente, porque se trata de un gobierno operado por el Partido Comunista, que anula la individualidad, y privilegia a “las masas”, a la colectividad, por encima de la persona y su dignidad. Lo mismo con sus empresas: la mayoría de sus propietarios son afiliados al PCCh. Ejemplo de esto es Jack Ma, el más rico de China, dueño de Alibaba, quien pertenece a esas filas.

En Estados Unidos vemos como un individuo, Elon Musk, quien es un inmigrante de Sudáfrica, nacionalizado americano y avecindado ahora en Texas, es hoy la punta de lanza de la guerra geopolítica aeroespacial americana, representando a la patria que lo acogió y en donde ha podido desarrollar todo su potencial de innovación tecnológica.

Así, mientras en Estados Unidos triunfa el modelo del individuo que hace equipo con el Estado, poniéndose a la cabeza en el mundo en el rubro aeroespacial, en China quien da la cara es el PCCh, y nunca parece haber rostros de individuos. Así es el comunismo: el Estado secuestra tu individualidad, tienes que entregar el rostro al régimen maoísta. El Dragón Rojo devora la individualidad.

China no construye una sociedad de individuos, sino de masas anónimas, sin rostros, y lo digo incluso en el peculiar sentido de Levinas.

La guerra geopolítica se da en muchos frentes. Uno es la carrera del espacio, que podemos dividir en varias estrategias: la puesta en órbita de satélites, el llamado turismo espacial, los viajes y asentamientos permanentes en la Luna, y la llegada, exploración y asentamiento en Marte.

En las cuatro áreas Estados Unidos va ganando la batalla, y en mucho gracias a la participación de poderosas empresas privadas que suman esfuerzos con agencias gubernamentales.

Otro frente de la guerra geopolítica es, por supuesto, la vacunación. Ha sido una feroz competencia, para nada exenta de ataques, de desinformación, propaganda negra, calumnias, y fake news, entre la Big Pharma anglosajona –léase las farmacéuticas inglesas o americanas-, y los gobiernos de China y Rusia, estos con cierto nivel de colaboración de empresas privadas. Astra-Zeneca, Pfizer, Moderna, Johnson & Johnson, contra Sputnik V, Cansino y Sinovac, básicamente.

Los gobiernos de países productores de los biológicos se han esforzado por ganar terreno en el mundo entero mediante el poder suave de la distribución de sus vacunas, sobre todo en naciones en desarrollo, granjeándose simpatías al proporcionar la llave de la vida o la muerte ante el COVID-19.

Pero en Occidente los grandes consorcios sostienen las economías, ponen y quitan gobiernos, y a menudo están detrás de las guerras. Ahora bien, este vanguardismo empresarial posmoderno conlleva asimismo sus peligros.

Así como el terreno en el que se ejerce la libertad de expresión de alguna manera se desplazó de la escena pública a lotes privados, en especial cuando hablamos de redes sociales, la carrera espacial -parte fundamental de la guerra fría-, hoy está en manos de millonarios norteamericanos y sus consorcios.

El hecho de que Occidente, y en especial que Estados Unidos permita la construcción del individuo, visto lo que ha pasado con los dueños del Big Tech, vendidos al dinero, al globalismo y al progresismo, hace que uno formule interrogantes: ¿Qué pasaría si Elon Musk y Jeff Bezos actuaran en contra del gobierno americano?

Dentro de las 10 empresas más poderosas del mundo, según el listado de Fortune Global 500, sólo hay dos de Estados Unidos, pero hay tres chinas (y una británica, una alemana, una de Holanda, una de Japón, y una de Arabia Saudita).


1. Wal-Mart Stores (Estados Unidos)
2. Sinopec (China)
3. State Grid (China)
4. China National Petroleum (China)
5. Royal Dutch Shell (Países Bajos)
6. Saudi Aramco (Arabia Saudita)
7. Volkswagen (Alemania)
8. BP (Gran Bretaña)
9. Amazon.com (Estados Unidos)
10. Toyota Motor (Japón)

Tres empresas chinas, sí, pero los más ricos del mundo, como individuos, no son chinos, sino norteamericanos: justamente Elon Musk y Jeff Bezos.

Estados Unidos, según Forbes, en 2021 cuenta con 724 personas más billonarias del mundo, contra sólo 626 de China, que por supuesto, gracias al comunismo, no reciben la atención que se les daría en Occidente. Tanto a ellos como a sus empresas.

Raul Tolero. 

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