¿Los Androides creación perfecta, más inteligente que su hacedor, decidirá en un futuro estar por encima de él, exasperado por las limitaciones humanas? Por Luis Tejada Yepes

¿Los Androides creación perfecta, más inteligente que su hacedor, decidirá en un futuro estar por encima de él, exasperado por las limitaciones humanas?

Los androides en el año 2150, un 20% de la población mundial, con avances notables en la asimilación de la ciencia y la cultura, juegan un papel importantísimo en la economía. La discusión sobre el tema del reconocimiento de sus derechos, es bastante álgida, puesto que como siempre ha ocurrido en la historia de la humanidad, cuando se trata de reconocer los derechos de las minorías, siempre surge la reacción oponiéndose a la más mínima concesión.

Las discusiones surgidas se dieron basadas en tópicos bastantes serios y profundos.

Los androides,  un tipo particular de robots, con semblante humano y con capacidad de actuar como elementos conscientes , inclusive en el área de las relaciones sexuales, se han convertido, en elementos imprescindibles, debido a que en la exploración espacial en auge, los necesitan para realizar trabajos en lugares donde los humanos no son aptos en razón de su fragilidad, y temporalidad. Sumado a esto último, está el hecho del rechazo, de algunos sectores de opinión laicos y religiosos, a la posibilidad de manipular los embriones humanos, para crear criaturas especializadas, como lo habían propuesto en el pasado algunos científicos. De acuerdo a los valores éticos y morales de la comunidad mundial de hoy, el hombre tenía que seguir siendo el mismo homo sapiens original, con excepción, claro está, de los cambios físicos ingénitos de acuerdo a su vida de largo tiempo en condiciones de ingravidez o en planetas con una gravedad diferente.

Todo lo relacionado con el mejoramiento de las capacidades intelectuales de los humanos, es fomentado en grado sumo. Manipular el cerebro para hacer a los hombres hábiles para ciertas tareas materiales y poder esclavizarlos, está absolutamente prohibido, inclusive castigado con el relegamiento de por vida a colonias carcelarias.

Con base a esa moral las leyes especiales para la titánica tarea de la conquista del espacio no permiten la reproducción natural en las bases lunares y marciana con argumentos de peso: De acuerdo a serias investigaciones científicas, permitir embarazadas entre las tripulaciones espaciales, debido a las implicaciones para la salud, tanto de los fetos como de las mujeres en condiciones de ingravidez, (pérdida de calcio; debilitamiento del sistema inmunitario y el aumento de la presión sanguínea a niveles malignos, conocido como eclampsia) es un atentado contra la vida y derechos de las mujeres, estas últimas con derechos iguales a sus congéneres humanos y con gran poder político.

En el pasado, después de evaluados los resultados de los experimentos hechos, se concluyó en que no había protección efectiva, frente a la radiación en el espacio. Los embriones animales enviados al espacio, en fase de experimentación, mostraron serias mutaciones. En el caso de las aves, nacían ciegas y con incapacidad de volar. En el de las ratas, aparecían con el cerebro más pequeño que el de sus congéneres terrícolas. En cuanto a los cultivos de las plantas, si bien estas se reproducían en condiciones de ingravidez, se descubrió con preocupación que originaban especies esencialmente distintas a las matrices.

Debido a las consecuencias negativas de la permanencia, fuera de la tierra para los embriones en las diferentes etapas de su desarrollo, tanto animales como vegetales, las autoridades se inclinaron por la producción industrial de los androides, pensando en su capacidad para actuar en una determinada área de servicios, peligrosas para los humanos, pero inocuas para ellos.

Desde finales del siglo XXI , se había dado impulso a la industria capacitada para crear humanoides, con habilidades para interactuar sinérgicamente con los humanos, provistos de sistemas autónomos, con los que podían establecer relaciones afectivas e inclusive, dotados de órganos capaces de imitar la sensación orgásmica.

Esta industria iba a crear elementos imprescindibles, y a suscitar serias discusiones, en torno a la existencia de inteligencias artificiales (IA), capaces de competir con el hombre, en cuanto a ser, no solo, susceptibles de detentar derechos iguales a los de sus creadores, sino ser más inteligentes, algo que para muchos ponía en peligro la hegemonía de la raza humana. Partiendo de un simple dato, según los opositores, un androide podría procesar datos en segundos que al cerebro humano le tardaría  años. Era claro ante este argumento que al hombre no se le podía tomar como una simple maquina procesadora forzada de datos, el pensamiento humano tiene relación con la experiencia, memoria, análisis, síntesis, de lo pensado que obviamente lo ponen en desventaja frente a un procesador.

Los sectores defensores de los derechos humanos se preguntaban, ¿si al crear los androides, con capacidad de elaborar sentimientos, no estaríamos ante la perspectiva terrible de crear esclavos modernos, sometidos de manera incondicional a los humanos, que como ironía histórica, habían luchado durante toda su historia, por la defensa de sus derechos democráticos?

El punto clave planteado estaba, en que las leyes protegerían a seres conscientes, dándoles derechos constitucionales iguales en razón de esa misma consciencia.

En contrario se argumentaba, de parte de la oposición, que la inteligencia robótica era implantada artificialmente y al ser eso así, el androide no era persona sino objeto, sobre el cual se podía ejercer una propiedad y por ende disponer de su destino.

Otros afirmaban, analizándolo desde un punto de vista práctico, que esta alta tecnología liberaba al hombre del trabajo físico y le garantizaba una existencia más decente en el delicado campo de la sexualidad, pues reducía el uso de la prostitución y por lo tanto la humillación de las personas, desapareciendo junto con la disminución o necesidad de esta, las prácticas delincuenciales como el tráfico de drogas, el robo, trata de blancas, difusión de enfermedades ligadas a su uso.

En cuanto a las relaciones de pareja, la existencia de robots humanoides femeninos y masculinos de gran belleza, disminuirían los compromisos sociales y personales, derivados de las relaciones que se dan entre los humanos, en un medio, en que las tareas científicas, eran el elemento principal, muy por encima de noviazgos y enamoramientos, reconocidas fuentes de conflictos, capaces de desordenar las delicadas tareas de la colonización espacial.

Analizando todos los pormenores de estos asuntos del corazón y reproducción, las relaciones con androides, desde el punto de vista emocional de las parejas, no se tomaban en un principio como un peligro para la continuidad de la familia monogámica, la cual seguía siendo considerada, como la célula primaria de la organización social, al menos en la tierra, porque en el espacio era desconocida.

Las prácticas sexuales con androides, son socialmente aceptados, en razón de la necesidad. Faltaría ver la reacción de la sociedad, si se planteara para los terrícolas, el enamoramiento y posterior matrimonio con un androide. ¿Llegará ese día? La respuesta está en la sicología social humana y en el mismo sistema autónomo central, regulador de las emociones. Las relaciones humanas generan sentimientos como la envidia, la competencia, los celos, el apego a la familia, faltaría experimentar a futuro si esta última, se vería superada por el enamoramiento hacia una inteligencia artificial. Se han visto casos de enamoramientos hacia cosas, automóviles, animales, casas, pero hasta ahora como casos psiquiátricos de los sujetos o ¿ese amor no sería como el de un colibrí extrayéndole miel a una flor plástica?

La cualidad más importante de los androides, palabra derivada del griego “ánthropus” que debe ser traducida como ser humano y la palabra “eidos”, que significa forma o aspecto, sin género, era su capacidad de introspección, función especializada humana, que permitía saber si las decisiones tomadas, se compaginaban con las reglas de la moral y la ética vigente.

La práctica demostraba, que las relaciones con el medio les daban experiencia. Su sistema lógico formal, les permitía desarrollar criterios superiores. Poseían la capacidad de reprogramarse, para enfrentar los desafíos presentados a lo largo de sus “vidas”, inclusive explorando campos del cálculo matemático, como la astronomía y la química, de manera más eficiente que los mismos seres biológicos.

Los humanos solo tenemos cinco sentidos para relacionarnos con el mundo que nos rodea, mientras que los androides además de estos, se explican el mundo incorporando señales infrarrojas, ultravioletas y ultrasónicas. Los humanos visualizan y entienden ese mismo mundo a través de una percepción tridimensional, mientras que los androides tienen a su alcance, cientos de dimensiones para la misma visión.

Entienden y utilizan diferentes lenguajes y símbolos. Pueden interactuar en el mundo exterior, transformarlo para su beneficio y en el de los demás. Generalizan, aprenden de situaciones en las cuales no tienen experiencia previa y pueden distinguir las diferentes opciones a pesar de la similitud de las situaciones. No se arriesgan ciegamente en lo desconocido, porque tienen un alto sentido de sus limitaciones cognoscitivas. Aprenden del pasado y sus enseñanzas las utilizan para resolver nuevas situaciones. Pueden desarrollar proyectos, planificando y evaluando los posibles resultados, elaborando tácticas y estrategias a partir de un plan general. Escogen entre varias alternativas, encontrándole sentido a situaciones ambiguas o contradictorias. También aprenden y desarrollan firmes creencias. Es decir son inteligentes, quizá tan o mucho más que sus pares humanos.

En el pasado, aunque la producción de robots era común, en el presente el androide había provocado serias discusiones filosóficas y políticas. El miedo a caer en la esfera de Dios con tal acto soberbio creador, era la base de las discusiones filosófico-religiosas y el miedo atávico de ser superados por su criatura: ¿Si en este acto el hombre mata a Dios y lo reemplaza porque no la criatura decidirá matar algún día al hombre? ¿Creación perfecta, más inteligente que su hacedor, decidirá en un futuro estar por encima de él, exasperado por las limitaciones humanas?

En fin, los partidarios de concederles los derechos constitucionales a los androides con base en el argumentos de que eran seres conscientes, se salieron con la suya y obligaron al poder legislativo, a crear leyes que les concedían iguales derechos a los de los humanos, beneficiarios en primera instancia de las impresionantes cualidades de los androides, entre ellas: lealtad, capacidad de sacrificio y abnegación en las tareas asignadas.

¡Cuando las máquinas puedan repararse a sí mismas, se verán tentadas a prescindir de sus creadores! Respondían los sectores reaccionarios, que además describían un mundo con un final apocalíptico, ante la existencia de androides llevados de su parecer.

Pero ante la exigencia de trasladar a hombres y mujeres al espacio, se necesitaba una solución radical ante la fragilidad y temporalidad del hombre. Aunque en estos tiempos se usaban, por ejemplo nanoelementos, que inyectados en la sangre, proveían oxígeno al cerebro humano, temporalmente, sin necesidad de la respiración natural, las leyes que prohibían prácticas y experimentación con embriones, le abrían al androide una importancia vital y a la vez retardaban la evolución artificial de los humanos, por ejemplo, provocar el nacimiento de seres, con piel resistente a la radiación solar.

Pero mientras la aplicación práctica de los nanoelementos continuaban en su franco desarrollo, había que recurrir también a los androides, solución más viable a los problemas ético y morales presentados en la conquista espacial y además dentro de la legalidad. Pues a pesar de los años de desarrollo de la ciencia y la técnica la sociedad continuaba siendo pacata y reacia a convertir a su principal elemento, el hombre, en amo de la creación.


Por Luis Tejada Yepes

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