Científicos logran que un animal pueda vivir sin respirar



© iStock Los investigadores insertaron microorganismos fotosintéticos para cubrir la ausencia de oxígeno.

Algunos investigadores ven este hallazgo como un posible ‘primer paso’ para tratamientos en humanos.

El más reciente estudio de un grupo de investigadores de la Universidad de Múnich, en Alemania, acaba de ratificar la idea popular de que ‘la ciencia no tiene límites’.En el artículo en cuestión, publicado el 13 de octubre en la prestigiosa revista ‘iScience’, los investigadores desarrollaron un experimento en el cual, tras innovadoras intervenciones quirúrgicas, lograron que una rana pudiese sobrevivir a pesar de no tener formas de respirar.Con tan solo días de haberse compartido, la increíble gesta ha sido destacada por algunos expertos como un avance que, en un futuro, podría llegar a representar las bases de un proceso similar en seres pluricelulares más complejos como los humanos.Le contamos cómo se llegó al sorprendente hallazgo.
La hazaña de sobrevivir sin oxígeno ambiental© Las ranas de uñas africanas, 'xenopus laevis', fueron los animales intervenidos en la investigación. iStock

Interesados en la dependencia del O2 para la actividad neuronal de los vertebrados, los investigadores tomaron ejemplares de ranas de uñas africanas para indagar posibles reacciones durante graves situaciones de hipoxia. Con ese objetivo, suspendieron premeditadamente el funcionamiento cerebral de algunos de los Xenopus laevis.Teniendo a los animales en ese estado, la idea fue poner a prueba formas que permitieran la oxigenación indispensable para su desarrollo vital.Bajo esa lógica, teniendo en consideración que las algas verdes y las cianobacterias son capaces de producir oxígeno a través del proceso natural de la fotosíntesis, una inserción quirúrgica de diminutos organismos se presentó como el proceso a seguir para lograr el cometido.Así sucedió.

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Todo tiene que ver con la fotosíntesis

A presión, y de manera transcardial, se inyectó una mezcla de algas y cianobacterias en los animales que, para la intervención, estaban anestesiados.En poco tiempo, la piel de las ranas comenzó a tomar un tono más verdoso que certificó la dispersión vascular de los microorganismos.Sometidos a una iluminación artificial, haciendo las veces del sol en el proceso fotosintético de las plantas, los cerebros de los renacuajos comenzaron a presentar un incremento sustancial de concentración de oxígeno.©  Las microalgas han sido participes en investigaciones de ciencia biomédica por su valor como fuente eficiente de oxígeno. iStock

“Durante una extinción general en todo el cerebro de la actividad neuronal por niveles subatmosféricos de O2, las algas verdes y las cianobacterias pudieron reiniciar de manera reversible y repetitiva la actividad del pico tras la iluminación, demostrando así la capacidad de estos microorganismos para rescatar la actividad cerebral mediante la fotosíntesis”, se lee en la publicación alusiva. Cuando se apagó la fuente de luz, evidentemente, la producción de oxígeno disminuyó.
Aportes y consideraciones a futuro

Los firmantes del estudio destacaron que “las áreas médicas potenciales de mejora de O2 fotosintético incluyen infartos tisulares o deficiencias respiratorias que impiden la extracción natural de O2 ambiental”.Bajo esa lógica, conforme le dijo la neurocientífica Diana Martínez, que no estuvo en el estudio, a ‘The Scientist’, este experimento puede representar “un primer paso importante en el uso de recursos naturales para abordar las deficiencias patológicas".Pacientes que sufran de derrames cerebrales en los que la actividad neuronal se ve suspendida por la falta de oxígeno podrían llegar a verse beneficiados por un tratamiento de índole similar.

Sin embargo, no sería tan fácil su aplicación en otros seres pues “los renacuajos son transparentes y la luz puede pasar fácilmente a través de la piel para activar la maquinaria fotosintética para producir oxígeno. El uso en animales más complejos lo haría ser difícil, ya que la luz no atraviesa fácilmente la piel y es posible que no llegue a la vasculatura para activar los organismos fotosintéticos”, advirtió Martínez. “Aunque este concepto es muy innovador, aspectos potencialmente perjudiciales como la obstrucción de los vasos sanguíneos por los microorganismos o la inducción de trombosis deben investigarse antes de las aplicaciones intravasculares crónicas”, reconocieron los hacedores del estudio en su texto.

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