Cuando Alfonso XIII se desnudó en las Hurdes: la fotografía que incautó la Gestapo a Azaña




Fotografía del Rey Alfonso XIII.

Acompañado de varios periodistas, de un ministro y del doctor Gregorio Marañón, Alfonso XIII llevó a cabo una excursión de cinco días por las Hurdes en las que se sucedieron las anécdotas

El trasero de Nicolás II, el último Zar de Rusia, se ha convertido estos días en objeto de debate y chanza en redes sociales. Una serie de fotos de Nicolás nadando desnudo en un lago finlandés, pertenecientes al proyecto Romanov100, han recordado que el pudor es una construcción social bastante reciente. A principios del siglo XX, monarcas como el ruso o el británico Eduardo VIII, al que se le atribuye exportar el nudismo a las playas de Croacia, no dudaban en bañarse como Dios los trajo al mundo incluso delante de reporteros gráficos. Cosas de la época…

Alfonso XIII de España también tiene unas famosas instantáneas donde no deja nada a la imaginación. El último Rey antes de la proclamación de la Segunda República aceptó en julio de 1922 la invitación de una comisión de Las Hurdes (Extremadura), la región más atrasada de España, para conocer los problemas sanitarios de un lugar donde la gente dormía en primitivas viviendas sin chimenea ni ventanas y con puertas minúsculas. La prensa de la época hablaba de un rincón de España habitado por «caricaturas de hombres» y dominado por el hambre y las enfermedades. Los consejeros del Rey le advirtieron de los peligros del paludismo y de la pobreza, pero él, fiel a su coraje más que acreditado, hizo oídos sordos a argumentos tan endebles y se lanzó a la aventura.


Gregorio Marañón en un rincón de su biblioteca.

Acompañado de varios periodistas, de un ministro y del doctor Gregorio Marañón, Alfonso XIII llevó a cabo una excursión de una semana a esta zona de Extremadura en el verano de ese año. El fotógrafo José Demaría Vázquez «Campúa», de solo 22 años, se encargó de plasmar el viaje tras ganar un sorteo entre otros reporteros gráficos. La comitiva real llegó al pueblo Casar de Palomero a bordo de automóviles. Los esperaba el obispo de Coria y aquella noche el Rey pudo alojarse, con todos los lujos posibles dentro de las circunstancias (una cama de madera, una colcha limpia, un crucifijo y un orinal), en la casa de Acacio Terrón, un vecino de la localidad. Allí pernoctó de la noche del 20 al 21 de junio de 1922.
«Es horroroso. Ya no puedo ver más»

A la mañana siguiente, la expedición real emprendió una marcha de 150 km, que realizaron sobre todo a pie y a caballo debido a lo impracticable de las carreteras. Durmieron en tiendas de campaña y compartieron las estrecheces de la región. El Rey se interesó por las condiciones de la gente y tomó nota de todos los detalles, pero la inmundicia caló en el estómago de los visitantes. Cuando el soberano entró en una de esas viviendas de pizarra donde dormían juntos animales y seres humanos, no pudo reprimirse al exclamar: «Es horroroso. Ya no puedo ver más».

Nudismo en las Hurdes

En una entrevista publicada el 18 de junio de 1963 en el diario Pueblo, el fotógrafo Pepe Campúa, apodado por el Rey como «el Pajarito», recordaba los obstáculos que hallaron a su paso:

«Fueron siete duras jornadas a caballo, por caminos difíciles y abiertos en la roca. […] Había que ordear montañas a unas alturas escalofriantes y yo he visto al rey que en algunos trechos tenía que bajarse de caballo y pasar a pie, porque tenía vértigo y le daban mareos. […] En el curso de cada jornada pasábamos un calor sofocante».

Cerca de Pinofranqueado, el agotamiento hizo mella en los excursionistas. Alfonso propuso que se bañaran todos desnudos en una charca del río Los Ángeles, como hacían los lugareños, para quitarse el mal olor y refrescarse algo. Se despojó de la ropa y se lanzó al agua para estupor de sus acompañantes. Nadie se atrevió a seguirle, salvo Marañón, que se bañó con unos calzoncillos que le llegaban hasta los tobillos.

Fotografía del viaje del Rey a las Hurdes. - Campua

El monarca, orgulloso de su cuerpo regio, pidió a Campúa que inmortalizara el instante: «¡Ven Pajarito!, que vas a hacer una fotografía que no me ha hecho nunca tu padre». El artista, llamado a ser el fotógrafo más cercano a Francisco Franco, entregó una copia de la imagen y el cliché original al Rey, pero eso no evitó que la fotografía se difundiese en tiempos de la República a través, entre otros, de José María Carretero Novillo, un periodista conocido por el seudónimo de «El Caballero Audaz», que lo usó como ilustración de uno de sus libros sobre Alfonso.

En la mencionada entrevista de «Pueblo», el fotógrafo Pepe Campúa asegura que él no tuvo nada que ver con esta filtración y acusa a otros de difundir la instantánea:

«Esa fotografía, cuyo cliché le entregué al rey en París, no sé cómo llegaría a manos de El Caballero Audaz en tiempos de la República. El caso es que la publicó en la portada de un libro… ¡En fin, más vale no hablar de eso!».
La fotografía más buscada

El libro al que se refiere José Campúa es «¿Alfonso XIII fue buen rey?» ( 1934), pero no es cierto que se usara la fotografía del Rey desnudo como portada, sino más bien como reclamo publicitario. Al abrir el libro en la página donde debería incluirse la susodicha foto, aparecía un recuadro con una nota aclaratoria donde su autor dice omiti la imagen para no ser sensacionalista o escandaloso. En la siguiente página, se incluye un formulario para aquellos lectores que quisieran recibir la foto en su domicilio, tras abonar los gastos de envío.«Es imposible mejorar la vida que arrastran las gentes de las Hurdes Altas; hay que destruir las viviendas y trasladar a sus moradores a otros puntos»

La instantánea sin censurar corrió como la pólvora por otros tantos círculos republicanos y dio lugar a un sinfín de habladurías justo cuando el nudismo había entrado en España de la mano del movimiento anarquista, la bestia negra del reinado. La Gestapo incautaría una copia de la fotografía entre las posesiones de Manuel Azaña y se la entregó al régimen franquista años después.

«Es imposible mejorar la vida que arrastran las gentes de Las Hurdes Altas; hay que destruir las viviendas y trasladar a sus moradores a otros puntos», declaró el Monarca a su vuelta a Madrid, ya vestido. A pesar del pesimismo con el ue imaginaba el futuro de la región, Alfonso XIII impulsó la creación del Real Patronato de Las Hurdes, que encargó y publicó varios estudios sobre la situación comarcal y difundió el análisis sanitario del doctor Marañón. Se construyeron iglesias en todos los núcleos habitados y la crearon edificios para albergar servicios sanitarios, escolares, una estafeta de correos y el cuartelillo de la Guardia Civil.

Se pretendía llevar la medicina, la instrucción, la comunicación y la ley a una comarca dejada de la mano de Dios, pero, a la vista de lo que Luis Buñuel plasmó diez años después en su documental «Las Hurdes, tierra sin pan», los esfuerzos reales cayeron en saco roto.

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