La increíble historia y el trágico final del banquero que estafó a los nazis para financiar la resistencia



Walraven van Hall (a la derecha) y su hermano Gijs en 1930 (Cortesía familia van Hall)

Walraven van Hall era un casi desconocido banquero de Ámsterdam, pero su audacia lo transformó en una pieza clave contra la ocupación alemana. Primero ideó un sistema de préstamos para alimentar a los judíos que se ocultaban y a las familias de los detenidos. Cuando eso no fue suficiente, perpetró una increíble estafa al Banco Nacional para ayudar a quienes luchaban contra los nazis

En la Plaza Federiks, en pleno centro de Ámsterdam, frente a la sede central del Banco Nacional de Holanda, hay un monumento muy particular, porque una mirada desprevenida lo podría confundir con los árboles que lo rodean. Es una escultura de bronce diseñada por el artista español Fernando Sánchez Castillo y representa a un árbol caído.

Es un árbol que alude a un banquero llamado Walraven van Hall, asesinado por las tropas de la ocupación nazi pocos días antes de la liberación de los Países Bajos en la Segunda Guerra Mundial, cuyo papel en la resistencia fue silenciado durante años por las propias autoridades holandesas. Tanto es así que la memoria de “Wally” van Hall debió esperar hasta 2010 –cuando se cumplieron 65 años del final de la ocupación– para recibir un homenaje. El mismo tiempo transcurrido desde el día que, poco después de la liberación, un alto funcionario del gobierno holandés le dijera a su hermano mayor, Gijs:

-Lo que ustedes, y en especial su hermano, hicieron por la resistencia es increíble, pero es mejor que no se sepa, porque a pesar de todo no deja de ser un fraude bancario, un delito.

Porque lo que Wally había hecho durante la ocupación había sido financiar a la resistencia utilizando sus habilidades y contactos como banquero, pero su maniobra más audaz había sido un delito imperdonable que, además, podía convertirse en un ejemplo peligroso: estafar al Banco Nacional de Holanda.

No importaba que lo hubiera hecho para conseguir fondos que permitieron comprar armas, sostener huelgas, alimentar a familias judías que se ocultaban de los nazis y refugiar a los combatientes.

Hasta que lo capturaron el 27 de enero de 1945, los nazis sólo lo conocían por su nombre de guerra, Van Tuyl. Para el gobierno holandés en el exilio era simplemente “el banquero de la resistencia”.

Con destino de banquero

Walraven van Hall nació en Ámsterdam el 10 de febrero de 1906. Era el tercer hijo del banquero Adriaan Floris van Hall y Petronella Johanna Boissevain. Su familia llevaba tres generaciones en el mundo de las finanzas y ese parecía ser el destino fijado para los tres hijos de Adriaan.

Sin embargo, Wally trató al principio de salirse del molde familiar. Terminada la escuela primaria, convenció a su padre para que le permitiera inscribirse en el Instituto Marítimo Willem Barents en West-Terschelling, donde se graduó a los 16 años, en 1922.
Walraven van Hall junto a su esposa Tilly y sus tres hijos: Mary-Ann, Attie y Aad (Walraven Foundation)


Comenzó a trabajar en la marina mercante y alcanzó el grado de tercer oficial de a bordo, pero su carrera se cortó cuando un examen médico rutinario le detectó problemas en la vista. Ahí peso la tradición familiar y con la ayuda de su hermano Gijs consiguió trabajo en los Estados Unidos, en una compañía financiera de Wall Street y en el Lloyd Bank.

Regresó a Holanda en 1931 y se casó con Tilly, con quien tuvo tres hijos: Mary-Ann, Attie y Aad. Cuando los alemanes ocuparon los Países Bajos, en mayo de 1940, ya era un reconocido banquero y corredor de bolsa.

La resistencia holandesa

A diferencia de lo que ocurría en otros países invadidos, la resistencia holandesa (Nederlands verzet) a la ocupación nazi se desarrolló con relativa lentitud y fue principalmente no violenta. Más allá de la existencia de grupos de partisanos armados –muchas veces aislados entre sí, casi sin coordinación-, las mayores actividades resistentes consistieron en la protección de los perseguidos, la mayoría de ellos judíos, y la organización de huelgas que dificultaran el accionar de las tropas alemanas y sus servicios represivos.

Entre 1940 y 1945 unas 200 mil familias holandesas ocultaron en sus casas y sus granjas a más de 60.000 perseguidos, entre nazis, romaníes y miembros de la resistencia con captura. Poniendo en riesgo sus propias vidas, lograron que las cifras del genocidio no fueran aún más altas: de una población de origen judío calculada en 140.000 personas, unas 105.000 murieron en los campos de concentración, mientras que los romaníes holandeses fueron reducidos a la mitad.
Redada en la plaza Jonas Daniël Meijerplein. Ámsterdam 22 o 23 febrero de 1941 (Instituto Neerlandés de Documentos de Guerra, Ámsterdam)

La primera huelga contra la ocupación se realizó en febrero de 1941 y provocó una salvaje reacción de los nazis, que en pocos días capturaron y deportaron a cerca de un millar de trabajadores, identificados como líderes del paro o por ser judíos.

La represión produjo el efecto contrario al que buscaban los ocupantes. A partir de ese momento el número de colaboradores de la resistencia creció continuamente, mientras que los actos de sabotaje y las huelgas se multiplicaron, hasta llegar al gran paro ferroviario de 1944, que impidió la deportación de miles de personas en los trenes de la muerte que las debían llevar a los campos de concentración y dificultaron la logística y los suministros de las tropas alemanas.

Resistir costaba caro

Cuando los nazis ocuparon el país, Wally se trasladó con su familia a la localidad campestre de Zaandam, para sustraerla del espectáculo de la presencia de tropas y los asesinatos de ciudadanos en las calles.

Como banqueros, Wally y su hermano Gijs mantuvieron buenas relaciones con las autoridades de la ocupación y, en especial, con las del Banco Nacional de Holanda: el sistema financiero debía seguir funcionando.

Paralelamente entró en contacto con la resistencia y se ofreció a colaborar. Lo que le pidieron le pareció imposible:

-Necesitamos dinero para mantener a las personas que están ocultas y para financiar las huelgas – le dijo su contacto.

-¿Usted me está pidiendo una donación? – preguntó Wally.

-No, es mucho más que eso. Necesitamos que constituya un fondo de ayuda para la resistencia – fue la respuesta.

Hombre de cuentas rápidas, Wally van Hall calculó de inmediato dos cosas: lo que podía recaudar a través de sus contactos en calidad de donaciones no alcanzarían para lo que le pedían y, además, las donaciones no podrían sostenerse en el tiempo.

Tenía que encontrar un sistema diferente para obtener dinero y no demoró en idearlo.

El Fondo de Ayuda Nacional

No debían ser donaciones sino préstamos, y que el dinero prestado –más allá del patriotismo de quienes lo aportaran– debía ofrecer beneficios, aunque esto fuera una vez terminada la guerra.

A través del comando de la resistencia, hizo llegar su proyecto al gobierno holandés en el exilio, que se había instalado en Londres: crear un Fondo de Ayuda con el compromiso de que el gobierno holandés devolvería con intereses el dinero prestado cuando el país fuera liberado.

La respuesta desde Londres no demoró en llegar: lo autorizaban a hacerlo, pero con un tope de 30 millones de florines.
Las tropas nazis marchan sobre la calle principal de Amsterdam (Three Lions/Hulton Archive/Getty Images)

Con la ayuda de su hermano Gijs y de otro banquero, Iman Jacob van den Bosch, creó unos certificados de préstamo por sumas muy bajas –que no despertarían ningún tipo de sospecha– en cuyo dorso se escribía a mano un número (10, 50, 100, 1.000 o más) que multiplicaba la cifra “oficial” del préstamo y que sería el monto real de lo prestado y que el gobierno devolvería con intereses en la imprecisa fecha del final de la guerra.

También idearon un sistema de contabilidad que aparentemente no decía nada pero que en realidad detallaba de manera minuciosa a qué se destinaba cada florín de lo que recaudaban.

Para 1943 ese “banco ilegal de la resistencia” (Nationaal Steunfonds (NSF) había repartido unos 83 millones de florines (450 millones de euros de hoy) entre familias desposeídas, familias que que ocultaban judíos, artistas que se negaron a afiliarse al Partido Nazi y familias de prisioneros de guerra.

Los 30 millones de florines que el gobierno en el exilio había puesto como tope de su respaldo habían sido ampliamente superados pero, enfrentado a las necesidades que la realidad les ponía delante, Wally y sus colaboradores no se detuvieron.

El dinero lo repartían allí donde fuera necesario a través de una red de apariencia inocente, chicos en bicicleta que transportaban los billetes en el hueco de los manubrios. Además, la organización también se ocupaba de proporcionar documentos falsos y tarjetas de racionamiento que pasaban por verdaderas.

La gran huelga y la gran estafa

En septiembre de 1944, por orden del gobierno en el exilio, los ferroviarios holandeses llevaron adelante la huelga más importante y numerosa en un territorio ocupado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Los fondos del “bando de la resistencia” no alcanzaban para sostenerla, ya que una de las claves para el éxito del paro era que los trabajadores –a quienes los nazis no les pagarían los salarios caídos– recibieran el dinero para su subsistencia a través de la resistencia.

Enfrentando la oposición de su propio hermano y de van der Bosch, Walraven van Hall ideó una maniobra que parecía imposible para obtener los fondos: robar pagarés del Banco Nacional de Holanda y cambiar los en el mercado por dinero contante y sonante para financiar la huelga.

Un robo a mano armada era imposible, de modo que se propuso conseguirlos de otra manera. En la misma imprenta en que falsificaba los cupones de abastecimiento, imprimió pagarés del Banco por decenas de miles de florines. Su intención no era ponerlos a circular en el mercado, donde la falsificación podía ser detectada y acabar con la maniobra, sino cambiarlos por los verdaderos. Nadie los revisaría si estaban en la caja fuerte del banco más importante del país.
Los judíos holandeses abordan el tren en el cual son deportados a Auschwitz (Rudolf Breslauer / Wikimedia Commons)

Arriesgando su vida, el cajero general del Banco, C.W. Ritter, se prestó a la maniobra. Tenía acceso diario al tesoro de la sede central y podía cambiarlos. Primero copió los números de los pagarés y le entregó la lista a Wally para que los falsificados llevaran los mismos números. Una vez que tuvieron las copias, las entró al Banco en su portafolios –que nadie revisaba debido al alto cargo que tenía– y en la primera oportunidad los cambió por los verdaderos que se guardaban en la bóveda del tesoro.

Cuando los nazis descubrieron la maniobra (aunque nunca sospecharon del cajero general Ritter) ya era tarde: los pagarés habían sido cambiados en el mercado y el dinero obtenido había sido utilizado para financiar la huelga.

Corría diciembre de 1945 y “el banquero de la resistencia” era el hombre más buscado de Holanda. Los nazis no sabían quién era, sólo conocía un nombre que no les decía nada: van Tuyl.

Delación y caída

En enero de 1945, cuando el avance de las tropas aliadas presagiaba que la liberación de Holanda era inminente, una serie de caídas en las células que operaban en la red del “banco de la resistencia” permitió que los nazis estrecharan el cerco frente al hombre al que conocían como “van Tuyl” y también como Olieman (“Engrasador”) por sus habilidades para lubricar con dinero a la resistencia.

Para los últimos días del mes, la situación se le hizo insostenible se preparó su fuga.

El 27 de enero, cuando ya tenía todo preparado para abordar un barco, fue a una última reunión sin saber que la casa estaba “cantada”. Cayó junto a otros seis o siete miembros de la resistencia.

El documento que llevaba encima lo identificaba con su verdadero nombre, de modo que los nazis, creyendo que habían capturado a un resistente más, lo llevaron a la prisión de Haarlem y lo metieron en una celda.
Walraven van Hall fue ejecutado el 12 de febrero de 1945, menos de tres meses antes de la rendición de las tropas alemanas en Holanda

Podría haber salvado su vida si otro preso no lo hubiera identificado. Bajo tortura, Johan van Lom reveló a los nazis algo que ni siquiera sospechaban: que van Hall era van Tuyl.

Lo ejecutaron el 12 de febrero de 1945, menos de tres meses antes de la rendición de las tropas alemanas en Holanda.

El silencio

Después de la liberación, el primer gobierno de la Holanda liberada exigió a Gijs van Hall y a Iman Jacob van den Bosch, la rendición de cuentas por sus operaciones. Había quienes sospechaban que se habían quedado con parte del dinero.

-¿Cómo podemos comprobar que ustedes entregaron el dinero? – les preguntaron.

La respuesta de los dos banqueros de la resistencia que habían logrado sobrevivir llegó en varias valijas con documentos: entregaron la contabilidad cifrada y les dijeron como descifrarla. Habían entregado hasta el último florín.

Nadie le negó a Walraven van Hall su condición de héroe de la resistencia holandesa por la creación del Fondo de Ayuda, pero le exigieron a Gijs y a Imán que nunca revelaran los detalles de la estafa con los pagarés del Banco Nacional. No era una buena publicidad para la seriedad del sistema financiero.

Trailer de “El banquero de la Resistencia”

Con los años, Gijs van Hall fue alcalde de Ámsterdam. Ni siquiera entonces reveló el secreto: después de todo, él también era banquero y contar la historia no era bueno para su propio mettier.

Recién en 2010, con la inauguración de la escultura del árbol caído frente a la sede del Banco Nacional en Ámsterdam, el gran público de los Países Bajos conoció la historia completa de Wally.

En 2018, la película “El banquero de la Resistencia”, dirigida por Joram Lürsen, hizo que la conociera el mundo entero.

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